Tras un fantástico primer día, el segundo no se quedó atrás. Con la ayuda de los niños conseguimos que Hulk aplicase la prudencia y pensase antes de actuar. Tras ello, los héroes se encontraron con un nuevo reto que requería de otra virtud, una con la que se nos llena la boca al hablar y se nos encoge el alma cuando se produce: JUSTICIA. ¿Y quién mejor que Batman, el justiciero por antonomasia, para cumplir esta misión? Los chavales se han metido en la piel de abogados, fiscales, y jueces. Lo han hecho muy bien metiéndose de lleno en sus respectivos papeles, consiguiendo aplicar la justicia humana extraordinariamente; y recalco lo de humana, porque Batman no conoce otra. Por suerte para todos, su supervisor era san Óscar Romero. Aunque al principio Batman no le hacía demasiado caso, a través de una fantástica catequesis hemos visto que eso de la justicia que tan divertido nos ha resultado, no es tan fácil como parece, pues una cosa es nuestra justicia y otra La Justicia, la de Dios. Aplicarla no es sencillo, pues ni tenemos sus ojos para verlo todo ni su corazón para interpretarlo.

Los talleres nos han enseñado primeros auxilios, expresión corporal, a hacer alfarería, llaveros con forma de cocodrilo y camisetas personalizadas al estilo patchwork.

Por la noche, los más valientes se aventuraron a investigar misterios relacionados con los siete pecados capitales a la luz del eclipse… Algunos de ellos pegaron algún que otro grito de terror, pero lo disfrutaron de lo lindo. Otros decidieron tener una noche más tranquila pero no por ello se libraron de criaturas extrañas, pues jugaron con el monstruo de los colores a ayudarle a entender sus emociones.

 

Tras un día tan intenso, el tercero está siendo también bastante movido. El apóstol Santiago ha hecho aparición en el cámping. Tiene una misión muy especial que cumplir, a la que Thor debe ayudarle poniendo en práctica su supuesta FORTALEZA. Pero como buena historia de aventuras, no todo es de color de rosas: La memoria de Santiago no es la mejor de sus cualidades, así que se apuntó los detalles de su misión en la concha de su cayado de peregrino, pero por desgracia la ha perdido. Los chavales están intentando ayudarle a recuperarla resolviendo pruebas y acertijos que ponen a prueba su inteligencia. Podéis estar orgullosos: son todos unos hachas.

Con las lentejitas y la carne en salsa que hemos disfrutado (¡repitiendo incluso!) hemos repuesto energías y dentro de un momento saldrán de la piscina para prepararse la marcha que nos espera esta tarde. Cenaremos viendo la puesta de sol junto al pantano, no se nos ocurre un plan mejor. Esperamos que vosotros también disfrutéis de estos días. ¡Un saludo!

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